Las Vegas, sí quiero — Santana

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Las Vegas, sí quiero — Santana

Mensaje por Syl el Mar Abr 18, 2017 10:31 am



Odiaba mi nombre hasta que te escuche decirlo. — Con sonrisa boba toma la mano de su mejor amiga jalándola por la larga calle repleta con casinos, hoteles y alguna que otra pequeña capilla. Las vegas era claramente más hermosa de noche con todas las luces en alza y la gente con la esperanza de conseguir duplicar su el dinero con el cual habían llegado a la ciudad. — Ana, aún no me has dicho... ¿por qué eres tan bonita? — La pregunta recurrente de cuando se encontraba ebrio sale a flote, no era ninguna novedad, pero a el joven Norelli le encantaba la expresión que ponía su mejor amiga al escucharle decir esas palabras. A veces fruncía el ceño y le daba por comerle a besos, algunas otras intentaba mantenerse serena y también le daba por comerla a besos. Sin embargo esto rara vez lograba a pasar o mejor dicho, nunca pasaba, mas sin embargo aquella noche tenia un aire diferente. Llevaban semanas fingiendo ser novios y seguían aplazando la fecha de caducidad del juego cada vez más, él ya se había acostumbrado a verle a su lado al despertar y que le presumiera de la calle cuando iban de las manos, justo como en aquel momento hacia con ella, ya siquiera volteaba a ver a otras mujeres por la calle y es que Alejandro se había encaprichado, aún más de lo que ya estaba, se había encaprichado con la idea de hacer de Santana suya y de nadie más. Ya se había acostumbrado tanto a su presencia que se negaba a que alguien más compartiera su vida de aquella forma con ella. — ¿Más? — Alza la licorera guardada en su chamarra con la intención de que la pelinegra volteara a verle. Acababan de salir de un bar luego de que entre escenas de celos entre ambos terminaran por hacerles embriagarse lo suficiente para tomar coraje y sacarse entre jalones y reclamos. Ir provocando los celos no eran lo que los novios de festividades hacían.

Ya estuvo bueno. Mírame. — Detiene su paso en seco,  obligándola a parar a su vez. Odiaba cuando se ponía en su plan de niña caprichosa, le hacía enfadar y ambos sabían de antemano que aquello no era bueno para ninguno. El siempre terminaba lastimando a Santana y al verle mal se terminaba lastimando a si mismo. — ¿Que tengo que hacer para que mi novia de las vegas me vuelva a querer y me de besitos? — Un ridículo tono meloso se adueña de sus cuerdas vocales y con su amarre de manos, jala, provocando el choque de sus cuerpos. Él se mantiene firme y toma, con su mano libre y sin soltar el agarre de la otra, la cintura de la morocha para que no intentara escapar. — Te quiero — Murmura, besando una de las infladas mejillas de Mariana. Curiosamente estar borracho solo significaba para el resto del mundo el tener a un Alejandro extremadamente mimoso y con un libido elevado. — No piensas correr otra ves o ¿si? — Pregunta soltando una risa tonta, recordando el día de las citas a ciegas. Si Santana la banquera lesbiana y Alejandro el padre soltero hubiesen seguido frecuentándose seguramente hubiesen llegado lejos, hasta estarían esperando primer primogénito propio. Otra risa sale de su boca, le había fastidiado ese juego al fina de la noche, el saber que en otras circunstancias hubiesen estado juntos, como una pareja real.
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Re: Las Vegas, sí quiero — Santana

Mensaje por Syl el Mar Abr 18, 2017 10:31 am



Cuando acepto ir con su mejor amigo a Nueva York nunca se imagino que iba a terminar con él en Las Vegas. ¿Qué iba a hacer ella en una ciudad que brillaba tanto como aquella? La poca luz que tenia que se iba a apagar mas de lo que normalmente lo estaba ya. Ella y Alejandro no paraban de ser novios de mentira por cada cosa, comenzaron siendo novios de navidad y luego pasaron a novios de vacaciones pero lo mas gracioso es que sabia que ninguno de los dos quería acabar ese pequeño juego que tenían entre ambos y cuando se acabaran las vacaciones se inventarían un nuevo juego para seguir manteniendo aquello. Se quedo mirando la pequeña torre Eiffel que poseía Las Vegas mientras fantaseaba que estaba en Paris, siempre había querido visitar París pero era una ciudad con mucho lujo también donde una persona como ella no encajaba. Bajo la mirada mordiéndose el labio para disimular la sonrisa que se había formado al escuchar las palabras de su mejor amigo. Odiaba y a la vez la encantaba cuando la preguntaba aquello aunque por desgracia nunca tenia la respuesta a la pregunta, ni siquiera se veía bonita. Se mantuvo callada para seguir haciéndose la enfadada por lo que había pasado antes en aquel bar donde se habían pasado un poco bastante de copas. Estaba lo suficiente borracha como para perder la vergüenza que normalmente sentía con él. Aun no comprendía porque sentía esos celos cuando solamente eran mejores amigos, ¿no? No soportaba que mirase con deseo a otra mujer o que alguna intentara algo con él en su maldita cara. No. Ella había estado siempre con él para que una desconocida se pusiera por encima. Su mirada voló a las manos unidas, se había convertido en algo normal entre ellos caminar agarrados de la mano para presumir de la compañía del otro o al menos… ella si que presumía de poder agarrarlo de la mano.
Levanto la mano para poder mirarle cuando paro el paso, alzando una ceja ante la pregunta—. ¿Qué tal si empiezas diciendo algo como que yo soy tu compañía aquí y solo me puedes mirar a mi? —Era cierto que ella tampoco se había quedado atrás y también lo había celado como mejor sabia, bailando. Movió el cuerpo de una manera que hizo que la mayoría de las miradas masculinas se posaran en ella—. Prometo bailarte solo a ti. —Murmuro aquellas palabras como si fuera un secreto que solamente él pudiera escucharlo. Se coloco de puntillas para poder dar muchos besitos en la mejilla del moreno, abrazándolo con los brazos por el cuello—. Te quiero, Alejandro. —Los talones volvieron a estar en el suelo lo que la llevo a tener que subir un poco el rostro para mirarle. Negó ante la pregunta recordando aquel momento. Estuvo mal salir corriendo y dejarle solo pero tuvo miedo de que terminaran comiendo un error aquel día. Estaba muy… irresistible fingiendo ser aquel padre soltero. Acaricio su pelo con una amplia sonrisa, poniéndolo a un lado para que no tapara del todo su frente—. No te lo cortes. —Sonó como una orden pero únicamente fue una petición.

¿A que no te atreves a…? —Soltó su mano para salir corriendo a una capilla con el cartel alumbrado donde decía que estaban abiertos. Para la ingenua Santana aquellas bodas de Las Vegas eran de mentira, nada real—. ¡Vamos a casarnos! —El alcohol normalmente la hacia cometer aquel tipo de locuras. Tenía un largo historial de cosas ridículas que había realizado con alcohol en su organismo—. ¡Por fi, por fi, por fi! Que nos case Elvis. —Comenzó a dar saltitos alrededor de su mejor amigo mientras bailaba únicamente para convencerlo. Tuvo que parar y agarrarse a él ya que se había mareado un poco—. ¿Quieres ser ahora mi marido de mentira? —Ríe agarrándolo del brazo para pasar dentro—. ¡Hola, venimos a casarnos! —Exclamo emocionada aun cuando su mejor amigo aun no la había dado una respuesta.
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Re: Las Vegas, sí quiero — Santana

Mensaje por Syl el Mar Abr 18, 2017 10:32 am



Eres mi compañía, mi dueña y la única a la que le miro el culo. — Un pequeño aire sale de su boca evitando así que una carcajada saliera en su lugar. Santana se veía adorable, pero en sus palabras, al menos para su mente, había un tono pícaro, uno que reclamaba y alegaba su lugar como su dueña y con exactitud Alejandro no podía describir como le hacía sentir, solo sabia que no era nada malo, al contrario, esperaba ansioso algún otro comentario del estilo. Sentía como le faltaba el aire y en un momento de sobriedad se dio cuenta el cuanto quería besarle, no como ella le estaba haciendo en ese momento, sino un beso de verdad. Juntar sus labios con los de la morocha por primera vez. — Te quiero, Ana. Mucho — Responde reciproco, cerrando los ojos al sentir como acariciaba su cabello, terminando por juntar su frente con la ajena. Como quería besarle. Se separa segundos después con un bufido y negando repetidas veces — Me gusta más corto. — Se limita a responder, aunque en sus adentros ya había decidido no recortarlo más, al menos hasta que su amiga amenazara con querer tensárselo. Desde pequeño había tenido la necesidad de hacerle feliz y cumplirle cada capricho que la cabeza con cabellera castaña ideara. A veces siquiera le preguntaba y directamente lo hacía, le gustaba verla feliz y ser quien lo había hecho, le llenaba aún con la cosa más diminuta como comprar golosinas o simplemente acurrucarse a su lado.

Ana, no quiero correrrr — Arrastra la ultima letra de la palabra, siguiéndola a pasos lentos e intentando retomar su mano. Cuando le menciono lo de casarse se detuvo en seco, alzando ambas cejas preguntándose si lo decía enserio. Él quería que los casara un querubín o seguramente habría una persona vestida de ardilla en alguna capilla casando personas. — Pero tomame la mano — Pide como niño pequeño, sin concentrarse bien en las palabras de la morocha. Cuando menos vio, ya se encontraba dentro de la capilla, enfrente de una señora quien les sonreía y les invitaba a pasar. Mira nuevamente a su amiga y al verle tan emocionada no puede decirle que no, le pasa el dinero a la encargada quien rápidamente les prepara una boleta que certificaba su pago y daba por hecho su unión, además de pedirles sus datos. La mujer llama a un asistente quien los separa y les lleva a un pequeño camerino. A Alejandro por su parte le ofrecieron un traje de Elvis o un traje típico. El morocho opta por el taje típico y con sonrisa en cara sale para toparse con el Elvis que iría a casarles. No quería que Santana se confundiera y se casara con el Elvis que no era él. Se coloca en su lugar enfrente esperando a que Santana saliera, saltando un poco cuando el hombre disfrazado de la leyenda del rock ponía música y comenzaba el playback.

De la nada el hombre se calla dando inicio a una cancion mas convencional, una que le indicaba que debía mirar hacia atras y ver como su futura mujer caminaba por el pasillo hacia él. Elvis golpea un par de veces la espalda del morocho y se coloca en su lugar rapidamente sonriendo a la muchacha que hacia su entrada en la escena.

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Re: Las Vegas, sí quiero — Santana

Mensaje por Syl el Mar Abr 18, 2017 10:32 am



Frunció el ceño al ver como su mejor amigo entregaba aquellos billetes—. Si llego a saber que esto te iba a costar dinero no hubiésemos entrado. —Ya se había gastado suficiente dinero en ella como para que ahora hubiera tenido aquel capricho de casarse. En la mente te italiana aquella boda era un juego pues para ella las personas que se casaban en Las Vegas lo hacían por diversión y no contaba como matrimonio real. Podía decirse todo lo que quisiera pero su subconsciente sabia que la verdadera razón para empujarle dentro de aquella capilla fue para que fuera suyo de una manera mas formal y no solo como su mejor amigo. Lo quería para ella aunque aun no estuviera preparada para admitir algo como aquello. Siguió a aquella mujer que la ordeno que se quitase la ropa. Al principio la miro un poco extrañada pero luego comprendió que no podía casarse con la ropa que estaba usando—. No no, yo lo elijo. —Rechazo la oferta de casarse de Marilyn acercándose a mirar aquellos vestidos. Santana no era una mujer que se dejaba llevar por prejuicios pero esos vestidos enseñaban demasiado, no escogería ninguno para casarse de verdad pero finalmente opto por el mas normal que encontró. Cuando lo estuvo listo se miro en el espejo, comenzando a bailar para que la tela transparente del vestido se moviera, estaba segura de que Alejandro la iba a ver con unos buenos ojos. Cuando escucho la canción sonar supo que había llegado la hora de que saliera de donde estaba metida. La mujer la dio un ramo de flores -las cuales eran obviamente falsas- y camino fuera para encontrarse a su mejor amigo con un traje que le sentaba divinamente. Había vivido junto a él mas de la mitad de su vida sin embargo habían sido pocas las veces que había conseguido verlo con traje y si no recordaba mal la ultima vez había sido en la graduación del instituto. Estaba intentando con todas sus fuerzas caminar seria hasta él pero no pudo aguantar mucho antes de reírse a carcajadas. Estaban locos, ambos.
Después de pasearse por el pasillo hasta él logro llegar—. Hola. —Inflo los mofletes para no volver a reírse. Se agarro el vestido con la mano que no sujetaba el ramo para mover el vestido y que Alejandro lo notara, por si no lo había hecho—. Mira, ¿estoy guapa? —Cuestiono mientras subía la mirada hasta los ojos oscuros de su pronto futuro marido. Pudo ver a un Elvis de reojo y rápidamente supuso que iba a ser él quien iba a casarlos.


“Nos hemos reunido hoy para… blablabla… El matrimonio es la unión de dos vidas… blablabla… ahora procederemos a los votos nupciales…” Santana se sabia de memoria lo que decían los curas en las bodas por la cantidad de películas que había visto pero al escuchar la palabra ‘votos’ abrió los ojos ampliamente. El Elvis cura la miro como si tuviera que empezar ella y casi estuvo a punto de salir corriendo como en aquel restaurante en el pasado—. Eh… —Se rasco la frente algo nerviosa. Entre el alcohol y la situación seguramente acabaría hablando de mas pero esperaba que a la mañana siguiente ninguno se acordara de lo que estaban a punto de decir—. Prometo seguir estando al otro lado de la cama cada mañana que despiertes. Prometo seguir molestándote con que me dibujes aun cuando ya lo hiciste dos veces. Prometo seguir negándome a esas tortugas apestosas. Prometo no volver a bailar para ningún otro hombre mas que tu. Prometo no abandonarte y serte fiel aun cuando sea famosa y conocida por todo el mundo. Prometo ayudarte en la cocina siempre que necesites de mis manitas para algo. Prometo seguir quejándome cada vez que tu cuerpo me de calor. Prometo que no te faltara piojito nunca en mi presencia y sobre todo… Prometo quererte como mi mejor amigo y mi marido hasta que te vayas con otra mejor que yo. —No fueron unos votos serios, lo sabia. Ni en mil años diría esos votos en su boda real pero detrás de todas esas palabras se escondían muchas verdades, deseos y miedos. Dejo salir el aire ya que lo había estado conteniendo sin ni siquiera enterarse y antes de poder sonreírle a su mejor amigo el Elvis se encontraba mirándole para que él hiciera los suyos.

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Re: Las Vegas, sí quiero — Santana

Mensaje por Syl el Mar Abr 18, 2017 10:33 am




Voltea a ver a su futura esposa para luego volver a voltear hacia Elvis buscando relajarse. Estaban jugando a casarse como cuando niños, pero de alguna forma se sentía nervioso e inquieto al verle caminar, en su mente no había más que la visión de su mejor amiga y la cantidad de veces que en su adolescencia había imaginado casarse con ella. Sonríe y pasa su lengua por su labio inferior al tenerle enfrente, su postura se endereza y le toma de una mano para depositar un beso en esta. — Hola — Murmura, ahora mordiendo su labio inferior al verle intentar no reír, aquella era situación un poco ortodoxa y algo cómica, no lo negaba. — Muy guapa. — Le sonríe y alza su mano para que diese una vuelta completa y así poder verle mejor — La novia más guapa de todas las vegas — Elvis ríe y secunda la moción con un par de aplausos antes de empezar con su sermón. El juez vestido de la leyenda del rock estaba haciendo un gran trabajo con su papel o al menos así le parecía a Alejandro en ese momento, hablaba serio pero a veces soltaba pequeños fragmentos de las canciones de la popular de estrella, provocando así vez su risa. Finalmente se puso serio cuando le toco a Ana decir sus votos, él por su parte se cruzo de brazos escuchándole hablar, sin embargo solo falto que llegasen a la mitad de estos antes de que comenzara a soltar pequeñas risas.

Su turno de hablar llego, tomó la mano de Santana y el anillo que el juez le ofrecía mientras que intentaba volver a ponerse serio, pero entre su vista nubosa y la situación le era difícil. — Yo no te prometo nada — Comenta antes de echarse a reír una vez más al ver la cara de Elvis y la dependiente. Seguramente estaban confundidos —  No te prometo nada por que yo te aseguro que te voy a hacer feliz. — Una sonrisa sutil se implanta en su cara mientras buscaba colocar el anillo en la mano de su mejor amiga con torpeza — Hemos sido compañeros de vida por mucho tiempo, tu sabes que soy capaz de hacerte feliz y lo haré así me avientes una licuadora mañana y me corras de casa por que se te metió en la cabeza que te engaño con otra mujer. —  Hace una pausa para negar repetidas veces como pequeño asegurando que eso nunca iba a pasar — Yo regresare y te besare hasta que me perdones y me vuelvas a dejar entrar en tu corazón y en ti —  Su mirada se oscurece al doble sentido de sus palabras y suelta las manos de su esposa para así bajarlas hasta llegar a su cintura y acercarla mas hasta chocar sus cuerpos. —  Interpretare tus gritos, tus miradas y tus llamadas —  Toma uno de los mechones del pelo castaño de su novia de vacaciones y lo coloca detrás de su oreja. Aun con el licor a tope, Alejandro decidió ser sincero y decir todo lo que le diría si en verdad se estuviesen casando. Quería dar el paso y saber el desenlace de la historia, sin embargo primero tenia que empezarla y si tenia que comenzar estando ebrio para animarse, lo haría. —  No me detendré hasta domar tu corazón. Te haré feliz —  Su sonrisa se amplia más, entrelazando sus manos sin separarse y voltea a ver a hacia Elvis, quien asiente a su dirección. Alejandro toma con una de sus manos uno de los mofletes de su esposa y acerca sus labios sin detenerse hasta que sus propios encontraron a los tan deseados ajenos.

A lo lejos se escuchaba un "aww", el morocho no pudo evitar sonreír en medio del beso —  Me gustas mucho —  Admite, dandole un ultimo y pequeño beso antes de que Elvis se metiese para felicitarles y pedirles su firma en la acta. El moreno firma sin replica alguna y le tiende la mano a su esposa para que se acercara a hacer lo mismo. No sabia como sentirse, solo sabia que estaba feliz y que deseaba sacarla de aquella capilla para seguir besándola hasta el amanecer.

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Re: Las Vegas, sí quiero — Santana

Mensaje por Syl el Mar Abr 18, 2017 10:33 am



Lejos de imitar las caras de los presentes al escuchar que su mejor amigo no la iba a prometer nada ella se echo a reír a carcajadas. Se estaban casando de mentira, como un juego al que solían jugar de niños, nada era real… o al menos eso era lo que creía. Atentamente mira como con poca experiencia la coloca aquel anillo obsequiado por la capilla el cual a decir verdad no era nada feo, era el típico anillo de casados a diferencia de que no era de oro pero poco importaba, no era una mujer materialista. Normalmente tenia mucha energía y vitalidad pero la italiana estando borracha era un torbellino al cual nada le daba vergüenza y se atrevía a todo es por eso que la mayoría de relaciones amorosas o sexuales las había experimentado estando borracha. Alzo unas de sus cejas al escuchar aquel comentario con doble sentido por parte del moreno y es que la resultaba totalmente extraño imaginar algo subido de tono con él. La ultima vez que se vio envuelta en algo como eso tuvo que salir corriendo por miedo a que sus pensamientos se hicieran realidad pero ahora, con alcohol en su cuerpo no estaba demasiado segura de que lo haría o no.
Las palabras de Alejandro podrían ser jugando pero todas y cada una de ellas se habían implantado en el corazón de Santana para no salir jamás. Lo que él no sabia es que podría ser feliz únicamente con que se quedara a su lado para siempre y nunca la dejara sola. Habrian piedras en el camino pero lo único que quería era sentirse querida por la persona que tenia justamente frente a sus ojos. Fruncio ligeramente el ceño cuando se noto pegada al cuerpo ajeno e inmediatamente se pregunto a si misma si iba a besarla. Si, las bodas finalizaban con un beso para sellarlo pero ellos nunca se habían pasado y estaban haciendo aquello por diversión, no habia motivos para bes… Error. Los calientes y húmedos labios de su ahora esposo se posaron en los suyos y pudo jurar como el estomago se hacia mas pequeño, esa sensación que todos conocían como mariposas y que Santana estaba experimentando por primera vez en su vida. No sabia si recordaría ese beso a la mañana siguiente pero lo correspondió con dulzura y un poco bastante de amor en él por que si de algo estaba segura era de que aprovecharía aquellos pocos segundos.


Cuando firmo el acta que les otorgaba los plenos derechos como matrimonio se volvió al Elvis para agradecerle y dio por hecho de que se podían quedar el vestido y los trajes ya que habían pagado, aunque no sabia cuanto—. ¡Dios mío! —Se llevo las manos a la cabeza cuando recordó que ella no le había puesto el anillo a él—. Soy la peor novia del mundo y esta será la peor boda que se haya hecho aquí. —Aunque estaba segura de que eso ultimo era difícil. Le pidió el anillo a la señorita que había y agarro la mano del moreno para colocarle el anillo con una sonrisa amplia y una risilla—. Ahora si, esposito mío. —Se acerco a él para volver a besar sus labios, impulso que hizo el alcohol por ella. Agarro la mano de Alejandro para tirar de él fuera de la capilla—. ¿En serio nos hemos casado?¿Somos marido y mujer? —Le miro bastante emocionada por aquel hecho, pasando sus brazos por el cuello de su esposo. No sabia que pasaría en los próximos minutos pero mientras el alcohol estuviera en su organismo lo iba a querer todo de él.

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Re: Las Vegas, sí quiero — Santana

Mensaje por Syl el Mar Abr 18, 2017 10:33 am




Una vez llego a hablar del tema con su madre, la mujer sabia bien que gustaba de su mejor amiga y desde entonces cada que Santana salia de su casa; su madre añadía un detalle más al gran evento del siglo que implicaba a los dos morochos casándose en una de las mejores capillas italianas al puro estilo tradicional. Sin embargo el día que uniría su vida con la de su alma gemela no era un tema frecuente en los propios pensamientos de Alejandro, no sabia si en algún momento dicho suceso pasaría, pero ahí estaba parado, recién casado, ebrio y con el corazón en la mano con la que agarraba a Santana al intentar seguirle el paso. Esforzándose en no mirarla ya que cada que su mirada tocaba con alguna parte de la cara de su esposa a sus mejillas le daban por encenderse en un indiscreto color carmesí que a conjunción con su tono moreno, destacaba dándole más vida y brillo a su rostro. — Lo somos — Afirma bajando sus propias manos hasta la cintura de su mejor amiga obligándole a abrazarle con más firmeza, en definitiva no quería que le soltase de aquí a diez años y solo tomar un descanso entre los preparativos de su renovación de votos. En ese momento se negaba a pensar las consecuencias del día siguiente, pasaba de detenerse en pesar que quizá no estaba del todo ebrio y que al despertar vería a su mejor amiga salir en pasos apresurados de la habitación terminando por romper el trozo de corazón que seguía intacto y que únicamente le era perteneciente a la chica que sus ojos miraban con amor. — Pero ya lo eramos — Comienza a caminar de espaldas por la alumbrada calle, asegurando con sus propios brazos el amarre de la castaña — Eramos dos viejos casados ¿Recuerdas? — Agrega escuchando a lo lejos la música de uno de los artistas callejeros recitando una canción en español. — No es lo que sueles escuchar, nada parecido, pero... — Hace una pausa comenzando a columpiar su cuerpo coordinando sus movimientos con la suave melodía. — Baila conmigo. Nuestro primero baile. — Al ver la mirada de la castaña lo supo, supo que no estaba ebrio y que por la mañana quizá le dolería, mas nada perdía en intentar hacer la noche especial.

Una parte de si odiaba esa sensación, aquel horrible sentimiento de estar atascado como solo su mejor amigo, no obstante esa misma parte se empeñaba a declarar victoria, porque fuese como fuese ya estaban casados y las cosas irían a cambiar. Siempre quise cantarte algo en español — Una confesión más sale de sus labios temblorosos y un poco ansiosos por volver a reencontrarse con los de Santana — Nunca supe cual — Encogiendo sus hombros se pega más, tal como Mariana le había enseñado en una de sus improvisados intentos por enseñarle a bailar bachata, no era lo mismo pero suponía que seria algo similar. — Pero algo aprendí — Asiente un par de veces y una sonrisa tímida mira directo a los ojos marrones enfrente de él —Contigo aprendí a ver la luz del otro lado de la luna... Que tu presencia no la cambio por ninguna — Canta a par la que quizá era la única frase que recordaba de los fragmentos guardados en su subconsciente al intentar memorizarla años atrás, mientras que apenado intenta esconderse pegando su cabeza al cuello de su mejor amiga. ¿Qué seria lo siguiente? ¿Consumar su matrimonio? Lo dudaba pero ante ese pensamiento no pudo evitar encogerse un poco hasta llegar chocar sus labios con la tersa piel de su escondite, permitiendo embriagarse con el ya tan distintivo aroma que poseía su esposa. — ¿Estas muy ebria? Quiero hacer una confesión más y quiero que lo recuerdes.
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